La hidratación es un aspecto fundamental para mantener un organismo saludable. Aproximadamente el 70% de nuestro cuerpo está compuesto por agua, y en el caso del cerebro, este porcentaje es aún mayor. Por lo tanto, es esencial mantener una correcta ingesta de líquidos para que nuestro organismo funcione correctamente y minimizar la aparición de problemas de salud.

El hidratación y su relación con la memoria

Como todos sabemos, el agua es un componente esencial de nuestro cuerpo y juega un papel crucial en su funcionamiento. La relación entre el agua y la memoria es particularmente interesante. La memoria es una función cognitiva que nos permite codificar, almacenar y recuperar información. Para que estos procesos se lleven a cabo de manera eficiente, nuestro cerebro necesita estar bien hidratado.

La deshidratación, incluso en niveles leves, puede tener un impacto significativo en nuestra memoria y otras funciones cognitivas. Cuando estamos deshidratados, el flujo sanguíneo y el suministro de oxígeno al cerebro pueden disminuir. Esto puede afectar la capacidad del cerebro para funcionar de manera óptima, lo que puede resultar en dificultades con la memoria y la concentración.

El impacto cognitivo de la deshidratación en el cerebro

Uno de los aspectos de la deshidratación que a menudo pasa desapercibido es su impacto en el rendimiento cognitivo. Incluso una deshidratación leve puede afectar aspectos como la atención, la memoria y el tiempo de reacción. Esto se debe a que la deshidratación puede provocar una reducción del flujo sanguíneo y del suministro de oxígeno al cerebro, lo que puede afectar su capacidad para funcionar de manera óptima.

Recientemente, un equipo de investigadores de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili (URV), el Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) y el Centre de Recerca Biomèdica Xarxa de Fisiopatologia de l’Obesitat i la Nutrició (CIBERobn) ha llevado a cabo un estudio que arroja luz sobre la relación entre los niveles de hidratación y la función cognitiva en adultos mayores con sobrepeso u obesidad.

Este estudio, publicado en BMC Medicine, examinó la relación entre la ingesta de agua, el estado de hidratación y los cambios en el rendimiento cognitivo durante un período de dos años. El estudio se llevó a cabo con una cohorte de 1957 adultos (de 55 a 75 años) con sobrepeso/obesidad y síndrome metabólico. Los participantes completaron cuestionarios de frecuencia de alimentos y bebidas, así como una serie de pruebas neuropsicológicas al inicio del estudio y después de dos años.

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El estado de hidratación se determinó mediante el cálculo de la osmolaridad sérica y se categorizó en tres niveles: hidratado (osmolaridad sérica < 295 mmol/L), deshidratación inminente (osmolaridad sérica 295-299.9 mmol/L) y deshidratado (osmolaridad sérica ≥ 300 mmol/L). La ingesta de agua se evaluó en términos de agua potable total y agua total de alimentos y bebidas, y se comparó con las recomendaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Los resultados mostraron que el 80.2% de los participantes cumplían con los valores de referencia de la EFSA para una ingesta adecuada. Sin embargo, la osmolaridad sérica indicó que el 56% de los participantes estaban fisiológicamente deshidratados. Se encontró que un menor estado de hidratación fisiológica (es decir, mayor osmolaridad sérica) se asociaba con un mayor declive en la función cognitiva global durante el período de dos años. No se observaron asociaciones significativas entre la ingesta de agua de bebidas y/o alimentos y los cambios en la función cognitiva global durante dos años.

En resumen, un estado de hidratación fisiológica reducido se asoció con mayores reducciones en la función cognitiva global durante un período de dos años en adultos mayores con síndrome metabólico y sobrepeso u obesidad. Se necesita más investigación para evaluar el impacto de la hidratación en el rendimiento cognitivo durante un período más largo.

Consejos para mantener una adecuada hidratación

Como podemos ver, es fundamental mantener una correcta hidratación para preservar nuestras capacidades cognitivas a medida que envejecemos. Aquí te dejamos algunos consejos prácticos para mejorar tu hidratación:

  1. Bebe mucha agua: Intenta beber al menos entre 8 y 10 vasos de agua al día, y más si realizas alguna actividad física.
  2. Consume alimentos ricos en agua: Las frutas y verduras como la sandía, los pepinos, las fresas y la lechuga tienen un alto contenido en agua y pueden ayudarte a mantener una buena hidratación.
  3. Establece recordatorios: Programa recordatorios en tu móvil para beber agua a lo largo del día.
  4. Lleva una botella de agua contigo: Tener a mano una botella de agua te ayudará a mantenerte hidratado.

Recuerda, mantener una correcta hidratación no solo es beneficioso para tu salud física, sino también para tu salud cognitiva. ¡Cuida tu cuerpo, cuida tu mente!

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Referencias

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